Tengo manos de acariciar
cuando palpo con hambre desencajada
el deseo insurrecto a las buenas costumbres.
Tengo manos de sepultar cielos,
desenterrar infiernos con dedos de niño
para jugar enamorado con tus cajitas de música,
arreglarte ese brazo de muñeca roto que tanto te duele
y éstas, mis manos,
que palpan con hambre verdadera
tu tierna proximidad,
tal si fuese un deseo prisionero de los silencios
cubriendo tu sombra con la mía
cruel y voraz como tormenta de desierto.
Es cierto, soy un hombre.
Y antes que un hombre un animal,
un ser sediento con estas manos de acariciar
que te remueven como arena
haciendo castillos y doncellas
una y otra y otra vez .
Y ya cansado
cuando palpo con hambre desencajada
el deseo insurrecto a las buenas costumbres.
Tengo manos de sepultar cielos,
desenterrar infiernos con dedos de niño
para jugar enamorado con tus cajitas de música,
arreglarte ese brazo de muñeca roto que tanto te duele
y éstas, mis manos,
que palpan con hambre verdadera
tu tierna proximidad,
tal si fuese un deseo prisionero de los silencios
cubriendo tu sombra con la mía
cruel y voraz como tormenta de desierto.
Es cierto, soy un hombre.
Y antes que un hombre un animal,
un ser sediento con estas manos de acariciar
que te remueven como arena
haciendo castillos y doncellas
una y otra y otra vez .
Y ya cansado
arrasar con tu ejército sin avisar,
yendo feliz a reposar
en el oasis de tus bebederos.
yendo feliz a reposar
en el oasis de tus bebederos.
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